No conocía Lemon. Hoy empiezo a construir junto a ella
Ayer empecé un nuevo capítulo en Lemon Energia. Lo que descubrí sobre generación distribuida, tecnología e IA, y por qué este mercado me sorprendió.

Ayer empecé en Lemon
Ayer, 13 de julio, empecé un nuevo capítulo profesional en Lemon Energia.
Este es el primer registro de un cambio que, pocas semanas atrás, no imaginaba que haría en este mercado.
Tras el final abrupto de una etapa, me quedó aún más claro que el siguiente paso debía llevarme a un lugar donde la tecnología, el propósito y las personas se combinaran para construir algo en común.
No buscaba simplemente ocupar otro puesto ni cambiar de lista de tareas. Buscaba un problema que valiera la pena entender, personas con ganas de construir y un contexto en el que el software no estuviera desconectado del impacto que genera. Durante el proceso de selección entendí que Lemon reunía esos elementos de una forma que yo todavía no conocía.
Y cuando digo que “no conocía”, lo digo literalmente.
Realmente no conocía Lemon
Antes del proceso de selección, no conocía Lemon. También sabía muy poco del mercado de las energytechs y de la generación distribuida.
Eso no significa que la empresa estuviera escondida. Habla, más bien, de la distancia que existe entre el sector energético y muchas personas que trabajamos con software. Para nosotros, la energía suele aparecer como una infraestructura garantizada: el enchufe funciona, la nube sigue disponible, la factura llega. Pocas veces vemos la red de regulación, generación, distribución, datos y operaciones que hay detrás.
Cuando empecé a investigar, la factura de electricidad dejó de parecerme un simple recibo. Encontré un problema que también abarca el producto, la experiencia del cliente, el análisis del consumo, la integración entre organizaciones y la coordinación de procesos. Descubrí, sobre todo, que hacer más accesible la energía renovable no depende únicamente de construir plantas. También depende de conectar la energía producida con quienes pueden aprovecharla de una manera sencilla.
Ese cambio de perspectiva fue lo primero que me atrajo a esta historia.
¿Energía solar sin paneles en el tejado?
La pregunta parece contradictoria porque la imagen más común que tenemos de la energía solar es una fila de paneles instalada sobre una casa o un negocio. La generación distribuida compartida ofrece otro camino.
Según la definición de la ANEEL, diferentes interesados pueden reunirse en una estructura asociativa para utilizar la energía producida por una o más centrales de micro o minigeneración distribuida en la compensación del consumo de todos los participantes.
Dicho de una forma más directa: una planta genera energía y la inyecta en la red de la distribuidora. Esa generación se contabiliza y da origen a créditos, que se asignan para compensar el consumo de las unidades participantes. La red eléctrica y el sistema de créditos sirven de puente entre la generación y el consumo.
Esta distinción importa. No hay un cable exclusivo que lleve los electrones directamente desde una planta solar específica hasta cada cliente. La electricidad circula por la red de distribución; lo que conecta esa generación con el consumo de cada participante es el mecanismo regulado de medición y compensación.
Fue entonces cuando la expresión “energía solar sin paneles en el tejado” dejó de parecerme solo una frase llamativa y pasó a describir una posibilidad concreta.
Lo que me sorprendió de este modelo
El primer punto fue el acceso. No todos los pequeños negocios son propietarios del inmueble donde operan, cuentan con un techo adecuado o pueden asumir una obra y una inversión inicial en paneles. La generación compartida permite acceder a energía renovable sin modificar la estructura física del establecimiento.
El segundo fue la combinación entre el potencial de ahorro y una menor carga burocrática para el cliente. La energía es un costo relevante para tiendas, panaderías, restaurantes, talleres y muchos otros negocios. Si es posible adherirse sin instalar equipos en el lugar ni trasladar al emprendedor toda la complejidad de la operación, la propuesta se vuelve más accesible. El ahorro puede abrir espacio en el presupuesto de quienes deben decidir cada mes dónde invertir.
El tercero fue entender la sostenibilidad como consecuencia de una operación que necesita funcionar a escala. La planta solar es fundamental, pero por sí sola no resuelve el registro, la elegibilidad, la asignación, el seguimiento y la facturación de miles de consumidores. El beneficio ambiental llega a la vida cotidiana de más personas cuando la tecnología organiza esas conexiones.
Según el sitio oficial de Lemon, hoy su red reúne más de 100 plantas solares asociadas y 15 mil negocios. Son cifras presentadas por la propia empresa y ayudan a dimensionar la operación que existe detrás de una propuesta fácil de resumir.
Un contenido publicitario producido por Lemon y publicado en G1 ofrece una comparación útil entre instalar paneles propios y adherirse a la generación distribuida. Incluyo esta referencia por su valor didáctico, no como una validación periodística independiente: son caminos distintos, y el espacio físico, la inversión, el mantenimiento y el perfil de consumo influyen en cuál tiene sentido para cada persona o negocio.
La tecnología detrás de la simplicidad
“Registrarse en línea y hacer el seguimiento desde la aplicación” suena sencillo. Y debe sonar así. Para el cliente, la experiencia solo puede ser así de sencilla porque detrás hay una cadena operativa mucho más amplia.
El flujo empieza con la adhesión en línea y continúa con el análisis del historial de consumo. Después vienen la definición y asignación de los créditos, la coordinación con la distribuidora, el seguimiento de la energía compensada, la facturación y la presentación de ese historial en la aplicación. Cuando surge una duda o una discrepancia, el equipo de soporte también necesita ver el mismo contexto y ayudar al cliente a entender qué ocurrió.
Cada etapa depende de la anterior e involucra datos que deben mantener su coherencia. Es aquí donde el software, los datos y el producto dejan de ser accesorios. Permiten administrar una operación regulada con diversos participantes sin exigirle al cliente que domine esa complejidad.
La trayectoria de Lemon, sin embargo, comenzó antes de este primer día. En un perfil histórico de la empresa, Exame registró que Lemon fue fundada en 2019 e informó sobre una ronda de Serie A de R$ 60 millones. No es una noticia reciente ni un indicador de la etapa actual de la empresa; sirve como contexto sobre una energytech que nació con la ambición de acercar a los pequeños negocios al mercado de la energía renovable.
Lo que veo en esta historia es un patrón que siempre me ha interesado: muchas veces, la mejor tecnología es la que permite que el usuario piense menos en la tecnología y más en el resultado que buscaba desde el principio.
IA cuando resuelve un problema real
En el FAQ público del proceso de selección, Lemon menciona el uso de NotebookLM y de soluciones propias que aplican inteligencia artificial a su base de conocimiento. Ese es el límite de lo que puedo registrar como hecho público por ahora: hay herramientas declaradas y una aplicación orientada a hacer más accesible el conocimiento, sin que eso permita suponer la existencia de productos, proyectos o planes que no se hayan anunciado.
Mi postura sobre la IA es sencilla: resulta útil cuando reduce el trabajo repetitivo, ordena información dispersa, apoya la toma de decisiones y mejora la eficiencia operativa. El valor no está en poner “IA” en el nombre de una iniciativa, sino en reducir una fricción real para alguien. A veces, eso significa encontrar más rápido la información correcta. En otras ocasiones, significa preparar mejor un análisis o automatizar una etapa mecánica para que una persona concentre su energía en aquello que exige criterio.
Esa es la aplicación pragmática que me interesa. Todavía no he implementado ninguna iniciativa de IA en Lemon, y no tendría sentido sugerir lo contrario en mi primer día. Este texto recoge una perspectiva que traigo conmigo y que ahora se cruza con un sector lleno de procesos, conocimiento especializado y decisiones conectadas.
Lo que empiezo a construir ahora
Llego para trabajar desde la ingeniería de software en la conexión entre el Centro de Excelencia (COE) y las áreas de negocio.
Mi alcance inicial incluye comprender necesidades, alinear perspectivas y contribuir con mejoras, automatizaciones y soluciones digitales. Antes de proponer respuestas, hay que hacerse algunas preguntas: ¿en qué puntos se pierde tiempo?, ¿qué información queda fragmentada?, ¿qué decisiones podrían tomarse con mejor información? y ¿dónde puede la tecnología simplificar la operación sin sumar otra capa de dificultad?
Trabajar en esa conexión me entusiasma porque el software cobra más sentido cuando parte de un problema concreto. Las áreas de negocio conocen la rutina, las excepciones y el costo de las fricciones. La ingeniería ayuda a convertir ese conocimiento en sistemas y procesos más claros, confiables y sostenibles. El COE puede servir de puente para que los aprendizajes y los patrones no queden encerrados en una única solución.
Por ahora, el compromiso es escuchar, aprender el vocabulario del sector y construir junto a las personas que ya conocen de cerca estos problemas. Cualquier resultado vendrá después.
Primer día, primer registro
Este artículo es el registro de un comienzo, no un veredicto sobre una empresa en el primer día.
Lo que puedo decir con honestidad es lo que me motivó a aceptar la invitación: señales de transparencia durante el proceso de selección, un propósito conectado con un problema concreto, la mentalidad de quienes todavía quieren construir y una relación pragmática con la tecnología. Son señales públicas y experiencias iniciales, no una conclusión definitiva sobre todo lo que encontraré.
Empiezo con entusiasmo, pero también con la humildad de quien acaba de abrir un mapa nuevo. Tengo mucho que aprender sobre el sector eléctrico, la generación distribuida, la operación de Lemon y las personas que hacen funcionar esta cadena. Este texto sirve para marcar el punto de partida, incluso para que pueda volver a él en el futuro y medir cuánto ha cambiado mi manera de entenderlo.
Ayer, una empresa y un mercado que no conocía pasaron a formar parte de mi trayectoria. Hoy, empiezo a construir junto a ellos.
Si trabajas con energía, energytech o IA aplicada, conversemos. Estoy empezando a recorrer este mapa, y las buenas conversaciones forman parte del camino.